Desmontando a Tony Heller

Me invitan a leer en Principia Scientific, uno de esos sitios “escépticos” que dicen tratar de ciencia y registrado en una conocida sede virtual del Reino Unido, un artículo de manual redactado por Tony Heller, bloguero negacionista del cambio climático que se hacía llamar Steven Goddard, titulado “The Climate Fraud Conspiracy: Key Evidence Explained” (La conspiración del fraude climático : La evidencia clave explicada).

En el invierno boreal de 2017 abundaban escritos como el de este mediático “enfriólogo”, donde pretende colarnos como evidencias las erróneas conclusiones, típicas falacias y falsedades que componen el argumentario contra el cambio climático:

1. El manido período cálido medieval

  • “En 1990, Tom Karl y el IPCC mostraron que la Tierra estuvo mucho más caliente hace 900 años, durante el período cálido medieval”
  • “Pero en 1995, los científicos del clima tomaron la decisión de eliminar el molesto período cálido medieval”
  • “Para 2001, Michael Mann y el IPCC continuaron con sus planes y borraron el período cálido medieval”

Una curva sin escala extraída del capítulo 7 del Informe de 1990 del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC), una declaración sin referencias de 2006 realizadas por Deming, correligionario profesor ultraconservador ligado al petróleo, y un único gráfico sacado del Tercer Informe de Asesoramiento del IPCC diez años posterior al primero y de hace ya quince años. Esa es toda la artillería pesada de Heller para acusar a la comunidad científica internacional de “ocultar” un supuesto calentamiento medieval.

Lo que esconde el bloguero es que el texto que acompaña el diagrama de KARL ET AL (página 202) cita:

El último décimo de los trece siglos más recientes (sobre los años 950-1250) parece haber sido excepcionalmente cálido en Europa occidental, Islandia y Groenlandia (ALEXANDRE 1987, LAMB, 1988) . Este período se conoce como el óptimo climático medieval. China estuvo, sin embargo, fría en la misma época (principalmente en invierno) aunque el sur de Japón estuvo cálido (YOSHINO, 1978)

Esto es, un episodio más bien local.

Basta con verificar en la bibliografía que el estudio de ALEXANDRE está concretamente basado en fuentes narrativas (Le Climat en Europe au Moyen Age. Contribution à l’histoire des variations climatiques de 1000 à 1425 d’après les sources narratives de l’Europe Occidentale) para no atribuir exactitud a lo que los propios autores denominan diagrama esquemático.

Heller también soslaya que el gráfico de 2001 es una muestra del hemisferio norte (no de Europa Occidental ni de todo el planeta) y sobre todo se abstiene de citar el amplio margen de error para el período 1000-1600 y la evolución de los métodos de estimación. En efecto, la calibración de datos combinados terrestres y marinos (dendrocronología, núcleo del hielo, documentos históricos, corales) no evidencia una mayor calidez de este período respecto del siglo XX. El detractor pone la mira en MANN pero obvia que otros investigadores llegaron a similares conclusiones con datos y métodos diferentes.

Este francotirador podría aprender un poco del párrafo Was there a “Little Ice Age” and a “Medieval Warm Period”? y, sobre todo, tener un poco de respeto por la revisión y la actualización científicas. Sirva como muestra el que en Science Direct aparecen 58.000 publicaciones sobre climatic change en libros y revistas entre 1823 y 1990, mientras que se catalogaron 66.000 en el decenio 1991-2001 y 300.000 desde 2002 hasta hoy.

 

2. La infundada sospecha de los satélites desaparecidos

  • “El informe IPCC de 1990 también detallaba los datos satelitales de la NOAA sobre el Ártico, que mostraban cómo la extensión del hielo oceánico ártico era mucho menor en 1973 que en 1979”
  • “Los científicos del gobierno también sabían en 1985 que la extensión del hielo marino ártico era mucho menor en los 40’s y en los 50’s que en 1973”
  • “Los datos anteriores a 1979 sobre el hielo del Ártico eran extremadamente molestos, luego la NOAA los hizo simplemente desaparecer. Ahora sus gráficos comienzan justo en el pico del año 1979. He estado intentando encontrar los datos satelitales del IPCC anteriores a 1979 por el NOAA durante más de seis meses y aparecen como ‘imposibles de localizar’.”

Nótese cómo, para intentar obtener credibilidad, Heller denomina “científicos del gobierno” a Martin I. HOFFERT, de la universidad de Nueva York, y a Brian P. FLANNERY, de la petrolera Exxon, autores del capítulo 5 Model projections of the time-dependent response to increasing carbon dioxide (1985) donde se reproduce el gráfico de hielo del océano Ártico de VINNIKOV ET AL extraído de Current Climate Estimates in the Northern Hemisphere (1980). No deja de resultar curioso que, de un compendio que supera las 400 páginas, el bloguero no recupere más que una imagen para su osada intención de desmentir a la comunidad científica internacional. Pero lo que más llama la atención es que las estimaciones de hielo en ese gráfico se refieren solamente al sector del Océano Ártico entre 1920 y 1975 y están en escala absoluta (extensión entre 5,5 y 7,5 millones de km2), cuando los gráficos del IPCC se refieren al hielo marino de todo el Hemisferio Norte y sus escalas representan anomalías, una en km2 (1990) y otra en porcentaje (2001). No son gráficos comparables, ni en el espacio, ni a escala temporal, ni por las unidades indicadas.

Veamos qué representa el gráfico de 1980 respecto de las últimas modelizaciones del Quinto Informe del IPCC (2013):

ipcc-ar5-wg1-2013_vs_heller

IPCC AR5 WG1 fig 4-03 contra Tony Heller

Por otra parte, antes de editar un gráfico de 1990 sobre el hielo ártico con la afirmación “datos satelitales ilocalizables”, Heller podría haberse asegurado de si esos datos existen realmente visitando el observatorio de hielo oceánico de la NASA, donde precisamente se indica que “Desde 1979, una colección de satélites ha suministrado un registro continuo y casi completo de la capa de hielo oceánico“. No es muy difícil colegir que los datos obtenidos de satélites previos eran discontinuos y dispersos.

En efecto, aunque en el informe IPCC de 1990 se cita (pág 224) que se han utilizado observaciones satelitales de rutina para representar la extensión de hielo ártico desde los primeros años 70, las limitaciones iniciales se evidencian en el informe IPCC de 2001:

La extensión del hielo marino (el área interior de las márgenes del hielo oceánico) se observó desde el espacio de 1973 a 1976 usando el instrumento ESMR (Electrically Scanning Microwave Radiometer) basado en satélites, y luego continuamente desde 1978 mediante los instrumentos SSMR (Scanning Multichannel Microwave Radiometer) de 1978 a 1987, y SSM / I (Special Sensor Microwave/Imager) de 1987 hasta hoy.

La intercalibración de datos de los diferentes satélites no llegó hasta 1997.

En cualquier caso, los picos de hielo en los años setenta quedan patentes en los gráficos de la NASA; sólo que hay que querer mostrarlo en relación con la evolución conocida :

sea_ice_1953-2016

NASA Earth Observatory. Anomalías de extensión del hielo oceánico 1953-2016 contra Heller

 

3. Los antiguos relatos imprecisos tomados como fuentes autorizadas

  • “En los 50’s, los científicos eran muy conscientes de que la ‘delgada corteza’ del hielo marino del Ártico estaba desapareciendo y predijeron un Ártico sin hielo en una sola generación”
  • “Los científicos también eran conscientes de que hacia 1970 el hielo marino del Ártico se estaba volviendo mucho más grueso y extenso”
  • “El calentamiento previo y el posterior enfriamiento del Ártico no convenían, por lo que la NOAA y la NASA los hicieron desaparecer”

Heller tiene que recurrir a extractos de prensa de hace sesenta años sin referencias estacionales para intentar sostener su hipótesis. El de 1958 cita la opinión de algunos científicos que esperaban el deshielo completo del Ártico “en el período de vida de nuestros hijos”, seguido de otro recorte de 1970 sobre investigaciones árticas en un contexto de enfriamiento temporal. Uno se pregunta si ha leído realmente el informe IPCC de 1990:

Los barcos han observado durante mucho tiempo los límites del hielo marino, y los registros de los puertos contienen a menudo fechas de aparición y desaparición de los hielos portuarios y costeros. Estas observaciones presentan muchos problemas de interpretación (BARRY, 1986) aunque se cree que son más fiables después de 1950. Los cambios y fluctuaciones en la extensión del hielo marino del Ártico han sido analizados por MYSAK y MANAK (1989). No encontraron tendencias a largo plazo en la extensión del hielo marino entre 1953 y 1984 en una serie de regiones del océano Ártico, pero hubo una evidente variabilidad sustancial a escala de decenios en el área atlántica […] Desde 1976, la extensión del hielo marino en el Hemisferio Norte ha variado alrededor de un nivel climatológico constante, aunque en 1972-1975 la extensión del hielo marino fue significativamente menor.

En cualquer caso, nada de ocultación de esos episodios puntuales: El informe IPCC de 2001 dejó claro que el conjunto de datos hemisféricos y regionales para el Ártico permiten contextualizar las tendencias derivadas de los satélites a la escala de un siglo:

La Figura 2.15 muestra las series temporales anuales de la extensión de hielo del hemisferio norte por estación de 1901 a 1999, utilizando datos in situ antes de la era de los satélites (VINNIKOV ET AL, 1999). Cabe destacar que la cobertura espacial de los datos antiguos no está completa, con los mayores vacíos de datos en otoño e invierno. Debido a que se disponía de pocos datos, la variabilidad de las series de otoño e invierno en la Figura 2.15 es menor durante las primeras décadas del siglo. Globalmente, no hay datos de verano ni de otoño durante la Segunda Guerra Mundial.

Y para colmo, escoge las temperaturas de una sola estación como Reykjavik, que ni siquiera forma parte oficialmente de la región ártica, para que su teoría aparente evidencia.

 

4. El culto al salto térmico de los 40

  1. “En 1985, Phil Jones, de la CRU, mostró un gran pico de calentamiento global por 1940, seguido de un enfriamiento de unos 0,5ºC”
  2. “El pico de los 40’s era incómodo para Phil Jones y el resto de sus correligionarios, de modo que discutieron cómo deshacerse de él”
  3. “Y lo hicieron. Suprimieron totalmente el hito de los 40’s y el enfriamiento siguiente. Ya no existe en los registros de temperaturas”
  4. “La NASA también ha eliminado el molesto calentamiento de los 40’s y el posterior enfriamiento, tal y como los citados científicos hicieron”

4.1) Vuelve Heller/Goddard a utilizar el documento de 1985, esta vez por los picos del gráfico 5.1 extraído de Variations in Surface Air Temperature; Part 1, Northern Hemisphere, 1881-1980 (JONES, WIGLEY ET AL, 1982). HOFFERT y FLANNERY declaraban que “La temperatura superficial del aire mostrada en la figura 5.1 indica un calentamiento global de más de 0,5ºC de los años 1880 a los 1940. Este calentamiento no continúa; al contrario, estuvo seguido de una aparente nivelación y una tendencia decreciente con importantes variabilidades superpuestas“. En el hemisferio norte, recordemos.

4.2) Aunque esta teoría ya había sido rebatida en 2008, viene a colocar en el anzuelo uno de los correos electrónicos de la Universidad de Anglia Oriental (UEA) hackeados y seleccionados por escépticos antes de la cumbre de Copenhague de 2009 para crear el Climategate con el fin de desacreditar a los científicos de la CRU. En ese mail, WIGLEY (UCAR, Estados Unidos) discute con JONES (UEA, Reino Unido) repecto de la corrección de un enfriamiento oceánico incoherente con la tendencia terrestre.

Además de relacionar inapropiadamente un gráfico de temperaturas aéreas del hemisferio norte con un tratamiento de temperaturas marinas globales, el bloguero convierte un mero y necesario ajuste estadístico en una terrible conspiración sobre la manipulación de resultados. Esperará que nadie haya leído la explicación de las mediciones oceánicas a la baja en los 40’s ni cómo la Revisión Independiente de los E-mails sobre el Cambio Climático, una de las comisiones creadas para investigar el asunto, ya concluyera en 2010 en el capítulo 6 de su informe final que:

En cuanto a a los ajustes de datos, no hay base para alegar que la CRU realizara ajutes de datos que tuvieran un efecto significativo sobre la medias globales ni que con ello generara evidencias sobre el calentamiento reciente (…) No encontramos nada en el comportamiento por parte de los científicos de la CRU, objeto de las alegaciones tratadas en este capítulo, que socave la validez de su trabajo.

4.3) A continuación, el gurú negacionista pretende probar que el salto de los años 40 ha sido eliminado plantando aisladamente un gráfico multianálisis de anomalías de temperaturas globales, cuando su referencia de partida (HOFFERT & FLANNERY, 1985) representaba cambios de temperatura en el hemisferio norte probablemente medida sólo en estaciones. Cuando se cruza la curva de VINNIKOV ET AL con la que realmente corresponde de la NASA (anomalías térmicas del hemisferio norte registradas en estaciones en base 1881-1980), la coincidencia es evidente:

Mediciones de Vinnikov coincidentes prácticamente con los datos del GISS (NASA) contra Tony Heller

4.4) Para colmo, compone un montaje donde por fin llega a demostrar algo : Sus carencias en la correlación básica de conceptos climatológicos. A la sazón, compara un antiguo gráfico de cambios de temperatura global tierra-océano con base 1881-1980 (Climate Impact of Increasing Atmospheric Carbon Dioxide, HANSEN ET AL, 1981) con el multianálisis de anomalías térmicas sólo en tierra respecto de la media 1951-1980 (GISS-NASA, 2017). De nuevo, la combinación del dibujo de 1981 con el gráfico correcto de la NASA basado en estaciones presenta una correlación casi fiel, desviada a partir de los años 60:

Mediciones de Hansen casi coincidentes con los datos apropiados del GISS (NASA) contra Tony Heller

Esta confusión de datos entre períodos, mediciones y espacios, esa recurrente comparación con un contexto que no les corresponde, muestra cuán extremadamente ridícula y hasta peligrosa resulta la ceguera negacionista. ¿De qué lado caen las actitudes deshonestas?

 

5. La pausa ¿definitiva? del calentamiento

  • “En 2013, la pausa del calentamiento global posterior a 2000 fue clave para el informe del IPCC”
  • “Lo que resultó incómodo para la NOAA y la NASA, de modo que Tom Karl y Gavin Schmidt la hiceron desaparecer”
  • “Este fraude fue tan flagrante que incluso el principal científico y timador del palo de hockey Michael Mann lo denunció a voces”

Heller no demuestra que el IPCC considerara un tema central la supuesta pausa (de hecho, sólo se trató en relación con las modelizaciones y entre otros 12 temas), sino que escoge simplemente un mero artículo dela BBC de 2013 a colación de a las reuniones del primer grupo de trabajo para el 5º informe donde se presentan dos gráficos sacados del documento de la Met Office The recent pause in global warming (2): What are the potential causes?. El primero -extraído expresamente por Heller para adornar el titular- muestra las tendencias de calentamiento de la superficie hasta entonces por bloques de nueve años, medidas en grados centígrados por década, de modo que solamente define si la tendencia decenal respecto de la media ha sido al alza o a la baja. El segundo gráfico representa la tendencia de ganancia de calor de las capas oceánicas superficiales, en cientos de zettajulios al año (y no la tendencia de ‘no se sabe qué’ en 10000 trillones de años, como indica la prensa).

En esa media decenal, escala que pone el foco más en ciclos meteorológicos que en tendencias climáticas, como aclararon a los medios varios expertos, se observan varios ciclos de bajadas y subidas desde 1880. Pero tanto el periodista como el bloguero han omitido las series evolutivas del calentamiento global (anomalías de temperatura, de calentamiento oceánico y de nivel marino) presentes en el mismísimo gráfico que les sirve de fuente y más fáciles de comprender por los lectores:

Is the current lack of warming unusual? (Met Office, 2013) contra Tony Heller

Hay intencionalidad en dirigir la atención sólo al período 1998-2013, que parte de un fenómeno excepcional como El Niño y se da en paralelo un tremendo almacenamiento térmico oceánico hasta 2002, efecto que puede explicar la disparidad entre las temperaturas en tierra y en la superficie oceánica.

Según el propio informe de la Met Office:

El análisis de la simulación de la variabilidad natural indica que aun con una tasa de calentamiento a largo plazo de 0,2 °C por década, cabría esperar de media en cada siglo al menos dos períodos con una tendencia aparentemente nula durante una década. La pausa actual en el aumento de la temperatura superficial global no es excepcional, según las simulaciones de modelos recientes (…) Las observaciones del contenido de calor oceánico y del aumento del nivel del mar sugieren que este calor adicional ha sido absorbido en el océano. Los cambios en el intercambio de calor entre el océano superior y el océano profundo parecen haber causado como poco parte de la pausa en el calentamiento superficial, y las observaciones sugieren que el Océano Pacífico puede desempeñar un papel clave.

Por otra parte, según el resumen técnico del 1er grupo de trabajo del IPCC de 2013, la diferencia entre tendencias simuladas y observadas “pueden estar causadas por alguna combinación de variabilidad climática interna, forzamientos radiativos no considerados o incorrectos, y error de respuesta del modelo“.

EN 2014 la NASA redactó un compendio con las contribuciones de ENGLAND ET AL explicando el efecto enfriador del patrón de vientos cambiantes del pacífico.

En 2015, KARL ET AL publicaron en la revista Science el estudio titulado Possible artifacts of data bases in the recent global surface warming hiatus (Posibles alteraciones en los patrones de datos sobre el reciente receso del calentamiento de la superficie global) que no resta méritos a los estudios anteriores, sino que reanaliza el patrón de datos empleados para calcular las temperaturas durante la “pausa” y llega a la conclusión de que las temperaturas estaban subestimadas. Este estudio levantó las suspicacias de algunos congresistas de EEUU, que solicitaron una investigación de los científicos de la NOAA .

Siguieron discusiones sobre la metodología pare estimar el intercambio térmico oceánico.

En 2016, un grupo de científicos encabezados por FYFE y entre los que se encontraban ENGLAND, MANN o HAWKINS elaboraron el estudio titulado Making sense of the early-2000s warming slowdown (Aportando sentido a la pausa del calentamiento en los primeros 2000), publicado en Nature, en el que contradecían la teoría de errores de KARL ET AL sin negar el aumento de la subida de temperaturas.

A inicios de 2017, Science publicaba un estudio independiente que confirmaba que no hubo pausa en el calentamiento global: Assessing recent warming using instrumentally homogeneous sea surface temperature records (Evaluación del reciente calentamiento mediante registros instrumentalmente homogéneos de la temperatura superficial del mar), elaborado por por HAUSFATHER ET AL. Sus conclusiones daban la razón al análisis de la NOAA:

Encontramos un gran sesgo de enfiamiento en la versión 3b de ERSST y sesgos de enfriamiento menores pero significativos en HadSST3 y COBE-SST desde 2003 hasta el presente, con respecto a la mayoría de las series examinadas. Estos resultados sugieren que los ratios extraídos de calentamiento sobre las temperaturas superficiales marinas en los últimos años se han subestimado en estos tres conjuntos de datos.

La ‘pausa’ del cambio climático no existe, dicen los científicos, golpe mortal a los negacionistas del calentamiento global” titulaba The Independent.

En efecto, si estamos en 2017, ¿por qué Heller no publica datos actualizados? Puesto que se trata de una cuestión estadística, bastarían unos pocos años de elevado calentamiento tras 2013 para echar por tierra los argumentos sobre su freno. Quizá los últimos gráficos de la Met Office ayuden a comprender ese silencio:

Temperatura media global 1850-2016 (Met Office, 2017) contra Tony Heller

El gráfico habla por sí solo. Y los insultos a los científicos sobran.

 

6. La guinda negacionista : falsear datos para acusar de falsear datos

  1. “En 1990, la NASA determinó que las temperaturas satelitales eran más fiables que las superficiales, y que deberían ser tomadas como modelo”
  2. “Los datos de los satélites no dan a la NASA la respuesta que desean, por lo que la agencia espacial estadounidense ignora los satélites y en su lugar suministra temperaturas de superficie fraudulentas”
  3. “El fraude no se limita a los datos de temperatura. En 1982, James Hansen de la NASA mostró que el nivel del mar dejó de aumentar desde mediados de los años 50 durante 20 años. Desde entonces, la NASA ha borrado esta pausa para convertirla en una aceleración”

6.1) Esta es la seriedad del bloguero: Un artículo del Cranberra Times de 1990, sin referencias, citado como evidencia definitiva en varias páginas negacionistas:

Un informe emitido por la agencia espacial estadounidense NASA concluyó que no ha habido ninguna señal de que el efecto invernadero aumentara las temperaturas globales durante los años ochenta. Sobre la base de un análisis por satélite de la atmósfera entre 1.500 y 6.000 metros sobre el nivel del mar, el informe dijo que el estudio encontró “un patrón aparentemente aleatorio de cambio de año en año”. Mientras varios meteorólogos gubernamentales y universitarios de todo el mundo han llegado a la conclusión de que las temperaturas promedio de la superficie han aumentado significativamente en los últimos años, los autores del informe dijeron que su análisis por satélite de la atmósfera superior es más preciso y debería ser adoptado como la forma estándar de monitorizar el cambio de la temperatura global.

El informe en cuestión lo habían publicado en 1990 en Science dos científicos, SPENCER y CHRISTY, con el título Precise Monitoring of Global Temperature Trends from Satellites (Monitoreo preciso de las tendencias de temperaturas globales desde satélites). Ambos aplicaron auto-correcciones posteriores al haber detectado sesgos a la baja de los datos recolectados por los instrumentos satelitales. Más tarde, en 2004, FU ET AL publicaron en Nature el artículo Contribution of stratospheric cooling to satellite-inferred tropospheric temperature trends (Contribución del enfriamiento estratosférico a las tendencias de la temperatura troposférica inferida por satélites), donde explican cómo esas mediciones fueron subestimadas porque el instrumento registra parcialmente temperaturas estratosféricas cuya gran tendencia de enfriamiento compensa las contribuciones del calentamiento troposférico. Y por fin en 2006, WIGLEY, el propio CHRISTY y otros autores redactaron Temperature Trends in the Lower Atmosphere – Understanding and Reconciling Differences (Tendencias de temperatura en la atmósfera inferior. Comprensión y reconciliación de las diferencias), donde se señalaba que :

Los datos de superficie mostraron un calentamiento promedio mundial sustancial, mientras que las primeras versiones de los datos satelitales y de radiosonda mostraron poco o ningún calentamiento sobre la superficie. Esta importante discrepancia ya no existe porque se han identificado y corregido los errores en los datos del satélite y la radiosonda. También se han desarrollado nuevos conjuntos de datos que no muestran tales discrepancias.

Este informe conjunto concluye al respecto que es más probable que las diferencias entre la superficie y la troposfera provengan de errores en los datos troposféricos que de errores en los datos de superficie, así como que hay muy probablemente errores en los conjuntos de datos de las sondas derivados de métodos de corrección inapropiados para enfriamientos espúreos, y que se dan diferencias tendenciales entre diferentes versiones de satélites por los distintos cruces de datos.

6.2) En lo que concierne los registros del GISTEMP, puestas en relación con las de la UAH y el RSS en un gráfico de Woodfortrees editado, hay que tener mucho descaro para rebuscar el inicio que más le interesa (1995, en un histórico de temperaturas que comienza en 1979), el promedio que más le conviene (60 meses en lugar de 12) y series no comparables (mediciones satelitales modernas de la temperatura en el suelo contra registros más antiguos interpolados de temperatura del aire).

He aquí lo que ocurre cambiando el origen de la serie a 1979:

woodfortrees.org – Curvas desde 1979 con mayores anomalías RSS, contra Heller

El propio autor de la web que implementa los gráficos advierte en sus notas del posible mal uso de la herramienta y explica cómo realizar correctamente las comparaciones, incidiendo en que las fuentes disponibles refieren anomalías de temperaturas mensuales respecto de líneas base diferentes:

GISTEMP 01/1951 – 12/1980 (30 años)
HADCRUT4 01/1961 – 12/1990 (30 años)
RSS 01/1979 – 12/1998 (20 años)
UAH 01/1981 – 12/2010 (30 años)

GISTEMP se basa en un período base más lejano, durante el cual las temperaturas eran más frías, de modo que las anomalías aparecen más elevadas. UAH, por el contrario, utiliza un período base más reciente y cálido, por lo que las anomalías aparecen más bajas. No es una cuestión de fraude, sino de pura estadística.

Y he aquí la comparativa correcta del autor de la web con las series apropiadas:

GISTEMP LOTI global mean
HADCRUT4 global mean
RSS MSU LT global mean
UAH 6.0 NSSTC LT global mean

woodfortrees.org – Comparaciones correctas del autor, contra Heller

En ningún momento la NASA confía deliberadamente más en las estaciones meteorológicas que en las mediciones satelitales. Según GISTEMP, la metodología Land-Ocean Temperature Index (LOTI), que trabaja con anomalías térmicas combinadas del aire sobre suelo y de la superficie marina “muestra una representación más realista de las tendencias de media globalque las dTs [estaciones meteorológicas, que sólo toman las anomalías térmicas del aire sobre el suelo] ; [LOTI] subestima ligeramente las tendencias de calentamiento o enfriamiento, ya que la capacidad calorífica calor mucho mayor del agua en comparación con el aire causa una reacción más lenta y reducida a los cambios; dTs por el contrario sobreestima las tendencias, ya que no tiene en cuenta la mayoría de los efectos amortiguadores de los océanos que cubren aproximadamente dos tercios de la superficie de la Tierra“.

6.3) De nuevo el recurso al montaje mal calibrado de un gráfico antiguo, intentando oponer un estudio de GORNITZ, HANSEN ET AL (GISS, NASA, 1982) a las mediciones del CSIRO (gobierno australiano) pour una falta de correlación puntual. El bloguero subtitula que “sólo es un pequeño ejemplo del fraude climático ejecutado ante nuestras narices por la NASA, el NOAA y el CRU”, antes de hacer una llamada a que Trump pare estos trabajos y a que los funcionarios denuncien con medios dudosos a los científicos.

La NASA explica las diferencias entre las distintas evaluaciones:

Los investigadores han ideado una variedad de métodos para superar estas brechas e identificar las tendencias en el aumento mundial del nivel del mar durante el siglo XX. El resultado: un acuerdo sustancial sobre la tendencia a largo plazo pero diferencias en la evaluación de las variaciones a lo largo de los años y las décadas.

Y es que las mediciones con mareógrafos son especialmente complejas por la combinación de datos de instrumentos diferentes de varias generaciones, muchos de ellos sujetas a inspecciones oculares e inscripciones manuales y dependientes de la zona del muelle en que se sitúen. Hoy se dispone de más datos y mejores técnicas para reconstruir los niveles, se introducen márgenes de error para las mediciones más tempranas y escasas y se combina desde 1993 mareógrafos y satélites, objeto de una reciente corrección.

La actualización de las fuentes hasta 2013 ha permitido reconstruir los registros de muchos mareógrafos antes indisponibles. El CSIRO dispone hoy de una larga lista con casi 550 mareógrafos anteriores a 1982, frente a los 193 considerados en el estudio de GORNITZ, HANSEN ET AL (donde al final sólo se emplean 86 concentrados en la Costa Este norteamericana, Escandinavia y el Báltico sur):

Gráficos CSIRO 2013 y Gornitz et al 1982 con sus muestras, contra Heller

Heller/Goddard se escandaliza pour algo que se hace a diario en todos los campos: la revisión científica (incluso la propia de los autores). Se aferra a unos pocos registros con gran probabilidad de error entre la totalidad de las observaciones y esconde cínicamente, tras las absurdas acusaciones de fraude, las conclusiones de sus propias fuentes:

El aumento continuo de los niveles del mar es probable en un futuro próximo si las predicciones del calentamiento global son correctas. La expansión térmica del agua del mar puede aumentar el nivel marino de 20 a 30 cm en los próximos 70 años; si la lenta fundición del hielo aumenta al mismo ritmo que en los últimos 100 años, se producirá un aumento del nivel del mar entre 40 y 60 cm hacia 2050.

 

Cherry picking, gráficos no comparables, declaraciones sin referencias, documentación obsoleta, acusaciones infundadas, confusión de conceptos, omisión de conclusiones…

Otro amasijo de burdas falacias con que alimentar el credo conspiranoide contra el consenso científico del cambio climático.

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De cómo la UE redujo sus gases de efecto invernadero en 2014

Ante el comunicado de prensa de Eurostat al respecto de la reducción de un 5% en las emisiones de CO2 de la Unión Europea [UE] debidas al consumo energético en 2014 respecto de 2013, y vista la repercusión mediática del mismo así como la tendencia a atribuir el efecto a la eficiencia energética, he decidido asesorar a Ecologistas en Acción formulando lo siguiente:

  1. METODOLOGÍA. Las estimaciones provisionales de emisiones de Eurostat son avances basados en sus estadísticas mensuales sobre el consumo final interior de productos energéticos de origen fósil, exclusivamente, en los países de la UE. No incluyen las emisiones por incineración de residuos u otros focos, ni las emisiones indirectas por la transformación de combustibles importados. Tampoco cuentan con coeficientes de conversión actualizados en función del poder calorífico de cada fuente y del rendimiento de las centrales de combustión, y evalúan solamente el dióxido de carbono [CO2], que supone el 80% de las emisiones de gases de efecto invernadero [GEI]. En general, las sumas mensuales de consumos suelen aparecer subestimadas y estimaciones pasadas se han revelado demasiado optimistas ante la realidad.
  2. VARIABLES. Puesto que varios factores como las condiciones climáticas, el crecimiento económico, el tamaño de la población, el transporte o las actividades industriales tienen un efecto importante en la demanda energética, así como en menor medida los precios y tasas de la energía y las medidas de eficiencia energética, es esencial comparar estas variables con los consumos en 2013 y 2014 antes de aventurarse a atribuir las disminuciones a cualquiera de ellas. Evidentemente, se habrá de focalizar el análisis en los países con mayores consumos y emisiones con el fin de sacar conclusiones más certeras. Esos países son Alemania, Reino Unido, Francia, Italia, Polonia, España y Países Bajos.
  3. HISTORIA. Según los datos de 2012 completos y consolidados de la Agencia Europea del Medioambiente, la energía fue la responsable del 77% de las emisiones de gases de efecto invernadero en la UE-28. Las emisiones de los sectores de la edificación (vivienda y servicios), muy variables en función de la climatología, supusieron un 14%. Los mayores sectores emisores fueron la industria energética (30%), que ha reducido sus emisiones absolutas un 12% respecto de 2007, y el transporte (19%), en que han bajado un 10% en el mismo período. Hasta la crisis bancaria, el aumento de GEI en ambos sectores anulaban o socavaban los efectos de la eficiencia en otros como manufactura, construcción y procesos industriales, o de la reducción de actividad en la agricultura. Podemos decir que, desde 2008 y hasta el momento, es la mala salud de esta macroeconomía del crecimiento -concebida sobre el consumo energético masivo- y sus restricciones de gastos la que facilita las disminuciones de emisiones.
  4. EFICIENCIA. Es innegable que en la Unión Europea se han promovido programas de eficiencia y reducción de GEI, tanto en la intensidad energética como en las emisiones por unidad energética y por unidad económica. No obstante, difícilmente una reducción del 5% de las emisiones energéticas de CO2 en un solo año puede deberse a las citadas mejoras, con un índice máximo en la historia reciente inferior al 3% en la reducción conjunta del ratio de todas las emisiones de efecto invernadero por unidad energética [fig.1] contando todos los sectores, y poco mayor del 4% más concretamente en los edificios [fig.2] o extraordinariamente en la industria. En lo que respecta al consumo de energía primaria por unidad final de energía, el panorama de la UE-28 es más bien desolador, al no haber mejorado la eficacia en la transformación de las fuentes.
Fig.1

Fig.1. Emisiones de GEI por unidad de energía final consumida. Todos los sectores. UE-28

Fig.2

Fig.2. Emisiones de GEI por unidad de energía final consumida. Sector residencial-servicios. UE-28

  1. CIRCUNSTANCIAS. El mayor descenso relativo anual (-7%) de los gases de efecto invernadero generados en la UE-28 se produjo en 2009, coincidiendo con una caída (-4% a precios constantes) del Producto Interior Bruto [PIB] por habitante y con una contracción (-6%) de la demanda energética final a pesar de aumentar (+2%) los grados-día de calefacción. En 2011, las emisiones habían disminuido también en parámetros interanuales (-3%) tras un repunte en 2010, casi en paralelo con el consumo energético (-5%) a pesar del alza (+2%) de la Renta per Capita [RpC]; sin embargo, el ratio de emisiones por unidad de energía consumida había crecido (+2%), resultado que eliminaba la hipótesis de la eficiencia energética. El año 2014 no se encuentra en un caso similar al de 2009, puesto que el PIB de 2014 ha sido un 1% superior al de 2013, sino más parecido a 2011. Sólo se puede explicar por la meteorología.
  2. RAZONAMIENTO. En efecto, en un continente relativamente frío la demanda de calefacción de los edificios no es despreciable. En el estudio de los parámetros que inciden principalmente en las emisiones y el consumo energético puede hallarse más paralelismo con las variaciones de los grados-día de calefacción que con las variaciones del PIB por habitante [fig.3]. Cuando apenas varían los grados-día, como en 2000, 2005, 2007 y 2009, sería la evolución de la renta per capita la que marcaría la deriva del consumo energético y de las emisiones de GEI. Este parece ser el caso general salvo la particularidad de 2006, cuando el alza de la RpC atenuó el efecto del declive de la demanda de calefacción. Tal fenómeno resulta patente dado que el consumo energético de los edificios, representado por el de los sectores Residencial y Servicios, supone el 40% del total de la energía final; en coherencia, la fidelidad entre los grados-día y sus curvas de energía final y emisiones es manifiesta [fig.4]. En lo que atañe al sector Industria, consumidor del 25% de la energía, la evolución queda más acoplada al PIB por habitante.
Fig.3

Fig.3. Variaciones interanuales en algunos factores energéticos. Todos los sectores. UE-28

Fig.4

Fig.4. Variaciones interanuales en algunos factores energéticos. Residencial y servicios. UE-28

  1. CLIMA. Se da la circunstancia de que 2014 ha sido el año más cálido registrado en Europa e investigaciones independientes entre sí han llegado a la conclusión de que el cambio climático ha contribuido significativamente a ello. Las observaciones indican que la media europea de temperaturas atmosféricas de enero a diciembre de 2014 superó en casi 0,9 grados centígrados -ºC- el promedio de 1981 a 2010, cuando la media de 2013 presentaba una anomalía cercana a +0,4 ºC [fig.5]. Mientras que el verano resultó normal, lo que posibilitó no aumentar el consumo de aire acondicionado en la franja meridional, el invierno fue el tercero más cálido desde 1950 y la primavera, la más calurosa, con la consiguiente influencia en la reducción de consumo de calefacción en las bandas central y septentrional del continente.
Fig.5

Fig.5. Media de temperaturas anuales en Europa respecto al promedio de 1981-2010 (EURO4M)

  1. HIPÓTESIS. Si todo lo anterior es cierto, debería darse una correlación entre las temperaturas invernales suaves y la bajada de fuentes finales normalmente empleadas en calefacción. Estas fuentes son en su mayoría el gas natural y la electricidad. Consecuentemente, las emisiones habrían de seguir una curva afín.
  2. OBSERVACIÓN. Alguien tenía que realizar la ardua tarea de estimar las temperaturas medias mensuales de 2013 y 2014. He obtenido las de cinco países representativos por el consumo y las emisiones -UE-5- mediante cierto número de estaciones, como Alemania (DE:10), España (ES:10), Francia (FR:10), Italia (IT:10) y Reino Unido (UK:8) con los datos ofrecidos por el servicio GISS de la NASA y el servicio NCDC de la NOAA. Los registros han sido elegidos de manera que representaran repartición norte/sur, interior/litoral, baja/alta altitud, o influencia oceánica/continental. En casos de no disponibilidad de algún dato, he recurrido a atribuirlo por asimilación matemática conforme a observaciones cercanas y a la curva de tendencia anual. Las observaciones permiten establecer, en función de los contrastes interanuales hallados, dos bloques entre los países representativos: Los del Norte (Alemania, Francia y Reino Unido) y los del Sur (España e Italia). Ciertamente, en todos ellos se observa una notable suavidad térmica de 2014 respecto de 2013 en los meses de enero a abril y noviembre, pero la diferencia es más marcada en los territorios del norte, lo cual habrá llevado a importantes economías en calefacción. En los territorios del sur, con menos necesidad de caldeo, la variación no resulta tan significativa. Al mismo tiempo, julio y agosto de 2014 fueron menos cálidos que los del año precedente, lo cual habrá redundado en menor gasto meridional en refrescamiento [fig.6]. A continuación, hemos elaborado un cálculo simplificado de grados-día mensuales de calefacción en base 18 ºC, aplicando la diferencia con la temperatura media mensual a todos los días del mes [fig.7]. Los tres países del Norte habrían pasado en promedio de 2.900 a 2.400 grados-día anuales (-18%). Los dos del Sur, de 1.400 a 1.100 GDA (-20%).
Fig.6

Fig.6. Media de temperaturas mensuales 2013 y 2014 por agrupaciones de países

Fig.7

Fig.7. Grados día mensuales 2013 y 2014 (base 18 ºC), simplificados, por agrupaciones de países

  1. COMPILACIÓN. Procedí a recopilar para cada país los consumos internos mensuales por fuentes de energía publicados por Eurostat. En lo que respecta al consumo de carbón, he seleccionado las hullas y antracitas por un lado y los lignitos, por otro. Durante 2014 se utilizó en el conjunto de la UE un 8% menos de hullas y antracitas que en 2013; sin embargo, mientras Francia, Italia y Reino Unido economizaban conjuntamente 19,1 millones de toneladas [Mt], Alemania y España aumentaban en 2,8 Mt. Los lignitos se redujeron un 3% en los veintiocho, cargando Alemania con prácticamente la mitad de las 11,2 Mt de diferencia, principalmente no suministradas a centrales termoeléctricas. Según los recuentos de petróleo, el uso de crudo se mantuvo en la UE-28 y disminuyó un 2% en la UE-5, lo que supone casi 8,2 Mt. Por cuanto corresponde al consumo de gas natural, en la UE-28 se registró un 11% menos en 2014, tanto en los usos térmicos como en los eléctricos. Finalmente, la generación de electricidad descendió un 3% en la UE-28 y en la UE-5. En este escenario, el PIB de la UE-28 y de la UE-5 ascendió un 1% de media, desde el estancamiento de Francia e Italia hasta el crecimiento de Reino Unido (+3%) y Alemania (+2%). Acerca de los precios a consumidores finales, en promedio el gas natural subió un 2% para los clientes domésticos tipo mientras que bajó un 6% para los industriales, la electricidad resultó un 2% más cara a los hogares y un 2% menos a las industrias tipo y con una caída del 9% del coste de importación del crudo, los productos petrolíferos se abarataron entre un 4 y un 6%.
  2. ANÁLISIS. No pretendo aquí recalcular las emisiones de CO2 debidas a la combustión de combustibles fósiles, sino mostrar en qué medida unas y otros pueden estar sujetas a distintas variables. Así, he confrontado el consumo no eléctrico de antracita y lignito, derivados principalmente a hornos industriales, con el Índice de Producción Industrial [IPI]. He estudiado la influencia de los precios de importación sobre la demanda de petróleo crudo, primordialmente destinado a combustibles para el transporte. Me he ceñido a los usos térmicos del gas natural a fin de hacer comparaciones coherentes con las necesidades teóricas de calefacción. He cotejado, además, la estacionalidad de la demanda eléctrica y el efecto de las precipitaciones frente al consumo de combustibles fósiles en centrales térmicas convencionales. Considero válida para conclusiones la muestra seleccionada UE-5, pues abarca tres áreas climáticas europeas (continental, oceánica y mediterránea), alcanza el 69% del PIB de la UE-28, engloba el 63% de sus emisiones de CO2 debidas a la energía y comprende una amplia mayoría de sus consumos energéticos (55% de hulla-antracita, 42% de lignito, 58% de crudo, 67% de gas natural, 64% de electricidad).
    • Carbón. Siendo una fuente marginal para calefacción, las tendencias de consumo interior de carbones para usos no eléctricos no siguen las variaciones climáticas. La serie mensual del lignito se asemeja a la gráfica mensual del IPI de todos los sectores excluida la construcción, mientras que la serie de hullas-antracitas transcurre más pareja a la evolución del IPI de los sectores minería y la manufactura.
    • Petróleo. Dado que sólo alrededor del 10% del consumo interior se debe a los sectores residencial y servicios, la tendencia respecto a la climatología es, a primera vista, inversa a la calefacción, creciendo el transporte en los meses más cálidos. Se observa un menor consumo de crudo entre abril y julio de 2014 con mayores precios de importación, y un aumento del consumo desde agosto de 2014 coincidiendo con la bajada de los precios de los productos petrolíferos, de ahí que no se puedan hacer comparaciones climáticas fiables.
    • Gas natural. Examinando el comportamiento de la UE-5 en el uso térmico estacional (excluido el eléctrico y el consumo hasta los niveles mínimos de la curva, que podrían atribuirse a la industria y al calentamiento de fluidos), se observa una característica variación con los grados-día [fig.8]. La diferencia de 2014 sobre 2013 denota una bajada del 22% en calefacción para los países seleccionados. El ahorro de gas natural estimado para la UE-28 debido a la suavidad del clima ronda 1.520.600 TJPCS (fidelidad del 96% con la curva anual de grados-día).
    • Electricidad. Al igual que ocurre con el gas natural, los picos de la generación eléctrica siguen de cerca la estacionalidad climática [fig.9]. En la UE-5, la producción casi coincidente con la demanda térmica descendió un 24% a lo largo de 2014 en comparación con la temporada anterior. El ahorro de electricidad estimado para la UE-28 debido a la suavidad del clima se aproxima a los 84.100 GWhE (fidelidad del 95% con la curva anual de grados-día). Comoquiera que esta cuantía equivale al 69% de los 122.000 GWh menos de producción térmica convencional registrados, se puede simplificar atribuyendo a las moderaciones estacionales el 69% de las reducciones de consumo final de combustibles fósiles para usos eléctricos, debiéndose el resto a la mayor producción con renovables y residuos. Esto es, el ahorro de combustibles fósiles destinados a la producción eléctrica en la UE-28 debido a la suavidad del clima se estima en 14.200 kt de hulla y antracita, 6.200 kt de lignitos y otros 227.700 TJPCS de gas natural.
Fig.8

Fig.8. Variación del uso térmico del gas natural y de los grados-día de calefacción. UE-5

Fig.9

Fig.9. Variación del uso térmico de la electricidad y de los grados-día de calefacción. UE-5

  1. CONCLUSIÓN. He tomado las mismas referencias que Eurostat para evaluar las emisiones de CO2 de las actividades de combustión de energía fósil. Los coeficientes de poder calorífico y los índices de emisiones han sido actualizados sobre el último informe de inventario de emisiones GEI de la UE. La economía de combustibles -gas natural, mayoritariamente- por la suavidad climática alcanza los 49.200 kilotoneladas equivalentes de petróleo [ktep]. Aplicados los factores de emisiones de CO2 y de oxidación a cada fuente, el ahorro de emisiones por menor uso de combustibles en la UE-28 debido a la bonanza invernal en 2014 se acerca a 134.900 ktCO2 [fig.10]. Este cómputo representa el 80,6% de la reducción de emisiones avanzada por Eurostat. Ello significa que la reducción de CO2 de la combustión fósil debida a parámetros no climáticos se acota en unos 32.500 ktCO2; esto es, que la disminución de emisiones se limita al 1% por factores ajenos a la temperatura (renovables, eficiencia, economía, precios).
Fig.10

Fig.10. Ahorro de emisiones de CO2 por la suavidad climática de 2014 en la UE-28

Desde la óptica técnica queremos alertar de que los titulares optimistas sobre las emisiones de 2014 en Europa basados meramente en los resultados estadísticos mostrados, sin entrar a valorar su carácter parcial y la importante incidencia de una meteorología benévola, son desacertados. Solicitamos se maticen los datos publicados y contextualice la responsabilidad de nuestro continente en las emanaciones mundiales de dióxido de carbono.

De otra manera, podría llevar a engaño el que un invierno menos riguroso y un verano más fresco en Europa repercutan favorablemente en la reducción absoluta de las emisiones, obviando

a) que el momento en que nos encontramos es resultado ya de un cambio climático exacerbado a nivel mundial que sufrirán más dramáticamente otras regiones,

b) que las emisiones de la industria y del transporte son prácticamente ajenas a la climatología y cualquier alza de estos sectores reduce la incidencia de las temperaturas,

c) que la creencia en una atemperación asentada providencialmente sobre nuestro continente puede relajar la concienciación sobre la eficiencia energética de edificios y equipamientos.

El ciudadano europeo podría especular ante los discursos triunfales que aún hay margen para el crecimiento, olvidar que en ese descenso de 8,8 a 7,4 toneladas equivalentes de CO2 por cabeza en veinte años se esconden en buena parte emisiones indirectas en países terceros debidas a la deslocalización de la producción de bienes que consume, ignorar que ya solamente su huella de carbono sobrepasa toda la capacidad biológica del continente.

La Unión Europea forma parte de los grandes responsables del efecto invernadero descompensado. Haber recortado eficazmente sólo 32,5 de las 29.000 MtCO2 anuales necesarias en el mundo para estabilizar el clima (DICE, 1994) es la viva muestra de cuán lejos nos encontramos del objetivo.