Respaldo térmico, I

Entre ciertas soflamas anti-renovables se encuentra la aseveración de que las fuentes eólica y solar provocan una duplicación del consumo de gas en las centrales de ciclo combinado. Estas atribuciones se basan en dos grandes errores de concepto:

  1. Confunden el factor de operación o las horas equivalentes con el rendimiento de la central, esto es, creen que por el mero hecho de que la producción de una central concebida para 6.000 horas anuales se reduzca a la mitad, el rendimiento térmico vaya a seguir el mismo camino y, por ende, el consumo y las emisiones se dupliquen.
  2. Consideran que solamente las renovables no gestionables inciden en la carga de las CTCC y que éstas son únicas garantes de su respaldo, obviando que las mismas son más bien flexibles a los cambios de demanda, y que hay multitud de centrales capaces de responder a las fluctuaciones climáticas de una manera inmediata y fiable gracias al CECRE.

Basta con obtener para la Península los datos oficiales de REE sobre producción de energía eléctrica y los del MINETUR sobre consumo de combustible en centrales termoeléctricas para desbaratar tales imputaciones.

CTGN-EOL_horas

Con datos reales, desde 2000 hasta 2011 la penetración de eólica y solar en el sistema generador español ascendió del 2 al 19% de participación, mientras que el consumo de gas natural en las centrales térmicas se situó de forma variable entre 1,46 y 1,64 millones de termias por cada GWh eléctrico que generaron. Esto es, estas renovables aumentaron más de 8 veces su peso en la red, mientras que el consumo del gas sólo ascendió un 12%.

Sobre el parámetro de las horas equivalentes de funcionamiento, habría incoherencias entre el prolongado funcionamiento de 2006 y un pico de consumo de gas, y si acaso se quiere advertir un ligero aumento al final de la serie, se explica por un buen año hidráulico (2010) y porque el carbón entró de nuevo en escena de la mano ministerial (2011).

 

Como se evidencia, no hay verdadera correlación entre el peso de eólica y solar y el consumo y emisiones de las CTCC en un sistema tan complejo como el peninsular español.

 

Al hilo: El mito del respaldo térmico a la eólica, o cómo obviar la demanda

De interés: Effects of wind intermittency on reduction of CO2 emissions: The case of the Spanish power system

La mejor defensa, el humor

Que el anti-renovables y negacionista cambioclimático Mark Duchamp te acuse, en uno de sus innumerables blogs gemelos, de sesgo cognitivo, confusión y charlatanería, y te censure la réplica, es patológico, patético o, cuanto menos, el colmo.

Ante ese repetitivo tipo de dogmas, bajezas y distorsiones del comportamiento tengo tres opciones:

  1. Denuncia por difamación
  2. Perder el tiempo en una nueva defensa técnica que evidentemente no querrá ser entendida
  3. Volver a reírme un rato.

 

Empezaré optando por la tercera…

Emisiones de la electricidad y energías renovables, I

Otra de las afirmaciones de los anti-renovables sostiene que aun en países con progresiva implantación de energía eólica, las emisiones de gases de efecto invernadero apenas descienden o incluso aumentan. Y a continuación relacionan los paradigmas de Dinamarca (-7%) o España (+31%) entre 1999 y 2010. De nuevo, están obviando dos parámetros esenciales:

  1. Presentan la evolución de las emisiones globales del país, esto es, incluyendo todos los sectores (transporte, industria, residencial…) en lugar de escudriñar solamente el sector de generación eléctrica.
  2. No distinguen las diferentes combinaciones de fuentes generadoras, olvidando que las emisiones no sólo dependen de la implantación renovable, sino también del resto de tecnologías del mix.

Evidentemente, en una nación con elevada importancia del sector transportes y una elevada tasa de intensidad energética, por ejemplo, poca reducción del índice de CO2 global puede advertirse contabilizando sólo la electricidad de origen renovable. Por otro lado, es preciso hacer diferencias entre los sistemas que paralelamente van sustituyendo centrales de carbón o fuel por ciclos combinados de gas natural, y los que sólo introducen renovables en detrimento de las plantas térmicas más clásicas.

Ilustro lo que critico mediante gráficos progresivos, a partir de publicaciones de Eurostat y de la AIE:

  • Una relación entre las emisiones de CO2 derivadas de la electricidad y el grado de implantación de energías renovables eléctricas en la UE y su entorno, en que aun siendo notables las diferencias caso por caso se detecta una tendencia inversamente proporcional (más renovables, menos emisiones).
  • Una comparación entre la evolución de las emisiones globales y la evolución de las emisiones exclusivamente originadas por el sector eléctrico, para algunos países, donde se observa la divergencia entre ambas series.

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CO2-CO2ele_2010_pointsCO2-CO2ele_2010_barreaux

Siguiendo los ejemplos expuestos, Dinamarca sólo redujo sus emisiones globales entre 1990 y 2010 un 7% pero las emisiones relativas del sistema eléctrico disminuyeron al 54%, al tiempo que las renovables contribuyeron a generar desde el 2,5% hasta el 33% de la electricidad; en cuanto a España, que aumentó las emisiones globales un 31%, vio sin embargo descender las emisiones relativas del sistema eléctrico al 56%, pasando de un 17% a un 33% de generación éléctrica renovable en el mismo período.

En definitiva, mientras resulta incontestable que la progresiva introducción de fuentes renovables en los sistemas de generación contribuye generalmente a reducir las emisiones de CO2 del sector eléctrico, queda en evidencia la falta de paralelismo hoy por hoy entre la evolución de emisiones globales de los países y su evolución de emisiones por generación eléctrica, cuanto más si se pretende contabilizar sólo el ritmo de penetración de renovables en el sistema.

Precios de la electricidad y energías renovables, I

Una de las máximas de los anti-renovables, nunca argumentada, es que en países con mucha implantación de energía eólica el precio de la electricidad es más elevado que en el resto. Y citan sistemáticamente como ejemplos los 30 c€/kWh de Dinamarca o los 26 de Alemania. Así, sin más. Ocultan (o ignoran) dos extremos importantes:

  1. Sólo presentan precios a clientes domésticos, soslayando por un lado los precios inferiores a clientes industriales y por otro, la dispar importancia del consumo doméstico en cada país.
  2. Incluyen todos los impuestos, tanto el IVA como las tasas especiales al consumo de electricidad, obviando que son diferentes entre los países y, además, independientes de las fuentes de generación.

En efecto, al blandir tal axioma nunca utilizan un precio medio nacional ni comparan las cifras exentas de costes impropios. Tampoco asumen que todo contraste justo precisa un desglose de los términos exclusivamente atribuibles a las renovables, como los correspondientes a su parte de generación y a sus primas.

He elaborado para refutar cada caso unos gráficos progresivos, a partir de los datos de Eurostat:

  • Una comparativa del precio de la electricidad sin impuestos para los consumidores domésticos y para los consumidores industriales en la UE y su entorno, que permite observar la divergencia entre ambos clientes tipo y contrastar además los precios con impuestos.
  • Un cotejo país por país entre el precio de la electricidad sin impuestos para ambos tipos de consumidores y la proporción de energías renovables generada, en que cabría esperar según la máxima anti-renovables arriba expuesta una distribución predominante abajo izquierda / arriba derecha (electricidad barata con pocas renovables / electricidad cara con muchas renovables).

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En contraposición al “argumento” electricidad renovable = electricidad cara, entre los mayores precios domésticos e industriales antes de impuestos en el primer semestre de 2012 se encuentran Chipre, Malta e Irlanda, sistemas insulares basados en centrales térmicas fósiles, o Italia, que depende en gran medida de las importaciones. Dinamarca se encuentra en realidad hacia la zona central de la tabla doméstica y entre los precios más bajos a clientes industriales.

En el otro sentido, no se halla una tendencia clara que relacione directamente carestía de la electricidad y generación renovable; menos aún, en el caso de los clientes industriales.